Benigembla es el lugar perfecto para darse un descanso, para desintoxicarse del caos de las ciudades y recuperar la vieja esencia de los pueblos mediterráneos. Sus montañas invitan al paseo y a la práctica del senderismo. En los restaurantes del pueblo (hay 2 y un bar de tapas) se pueden degustar los platos más auténticos de la cocina tradicional, elaborados con productos autóctonos.

Del patrimonio arquitectónico local  destaca la Iglesia de Sant Josep y su campanario, de estilo neoclásico y  barroco respectivamente. En 1994 el templo fue restaurado y la campana grande, denominada María, fue reparada, fundiéndola de nuevo en Santander.

       Otro de los edificios a destacar es el local del "Sindicat", situado en la esquina de las calles Carrer Llarg i del Carrer Sant Francesc. Fue construido a principios del siglo XX,  también es de estilo neoclásico con elementos del rococó y del barroquismo francés, una  influencia, que puede deberse a la emigración de principios y  mediados del siglo XX a Argelia.

       Benigembla está enclavada entre montañas, pero en una zona plana. Gracias a su ubicación disfruta de interesantes riquezas paisajísticas y naturales. En su término municipal destacan las formaciones orográficas de mayor altura como El Cavall Verd (793 m.), La Penya Altar (999 m.), La Solana (793 m.) y el Mirabó (691 m.). En cuanto a rutas interesantes, podemos recomendar la que llega hasta la Penya Blanca, denominada así por que está situada en un paraje donde nunca da el sol. También podemos encontrar  anchos agujeros en las rocas, que nos invitan a la espeleología, como la Cova Roja. 

Iglesia de Sant Josep

 

Local del Sindicat                        

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